A menos de 90 kilómetros del bullicio de Roma existe un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, ganándose el sobrenombre de «la pequeña Suiza» del Lacio. Se trata de Castel di Tora, una joya medieval enclavada en la provincia de Rieti, con menos de 300 habitantes y que se asoma con orgullo a las aguas turquesas del lago Turano.
Entre la historia y la leyenda
Originalmente conocido como Castelvecchio, el pueblo adoptó su nombre actual en 1864, en homenaje a la legendaria ciudad romana de Tora, que según se cuenta se levantaba precisamente en este valle. Situado a unos 600 metros de altitud, el pueblo conserva un trazado urbano prácticamente intacto desde principios del siglo XX.
Las casas de piedra natural con techos de madera y tejas de barro recubren las sinuosas callejuelas y calles empedradas. Dominan el pueblo la torre pentagonal (antigua torre del homenaje del castillo del año 1000) y los restos de las antiguas murallas, entre las que se conservan tres torres.
En la plaza principal destaca la Fuente del Tritón, de 1898, obra de artesanos locales realizada para celebrar la llegada del agua corriente.
La metamorfosis del paisaje: el lago Turano
La economía del pueblo sufrió un cambio radical entre 1935 y 1938, cuando la construcción de una presa transformó el valle agrícola en un embalse de 10 km de largo y 36 km de perímetro. Este lago artificial está conectado con el cercano lago del Salto a través de un túnel subterráneo de 9 kilómetros.
Hoy en día, el lago no es solo un marco paisajístico, sino un ecosistema vivo. Una curiosidad fascinante son sus carpas centenarias, ejemplares que pueden superar los 20 kilos de peso. Los aficionados locales practican una pesca deportiva basada en el respeto: los peces se identifican con nombres propios, se fotografían y se liberan en el agua. Durante el programa «Alle falde del Kilimangiaro» (en Rai 3), un pescador reveló el nombre de una carpa: «Biancaneve».
Tradiciones, sabor y naturaleza

Castel di Tora no solo es un placer para la vista, sino también para el paladar y el espíritu. El plato emblemático es el Polentone, protagonista de una fiesta que se celebra el primer domingo de Cuaresma. A diferencia de la versión clásica, aquí la polenta se adereza con una «salsa magra» a base de arenques, anchoas, atún y bacalao.
Durante el periodo de Pascua, sigue viva la tradición de la raganella: al no poder utilizar las campanas, los niños recorren las calles del pueblo tocando este instrumento de madera para anunciar las funciones.
Gracias a la Reserva Natural de los Montes Navegna y Cervia, el pueblo es un paraíso para el senderismo. Entre los destinos más sugerentes se encuentran las cascadas de Vallocchie, el eremo de San Salvatore y el pueblo fantasma de Monte di Antuni.
¿Por qué visitarlo?
Para los habitantes y los visitantes extranjeros, Castel di Tora representa una «visión de la vida de antaño». Ya sea para almorzar con vistas al lago en restaurantes como Riva Del Lago 2.0 o para perderse por los bosques, este pueblo ofrece una escapada regeneradora donde la valorización del territorio se ha convertido en la misión principal de los jóvenes que han decidido no abandonar sus raíces.