Si paseando entre los pinos marítimos de Villa Ada alguna vez has tenido la sensación de que bajo el suelo se escondía algo extraordinario, tenías razón. Tras más de cinco años de silencio y una meticulosa restauración de 2,4 millones de euros, las pesadas puertas blindadas del búnker antiaéreo de los Saboya vuelven por fin a abrirse de par en par.
No es solo una reapertura histórica: es el regreso a la luz de un lugar donde la ingeniería bélica se une a una estética tan simétrica y cuidada que parece salida de la mente de un director visionario.
Un laberinto circular en el corazón subterráneo de Roma

Olvida los búnkeres estrechos y polvorientos que has visto en los documentales sobre la Segunda Guerra Mundial. El que Vittorio Emanuele III quiso construir entre 1942 y 1943 es una estructura que sorprende por su planta en forma de rosquilla, una refinada elección técnica para neutralizar las ondas de choque de las bombas.
Con sus 200 metros cuadrados divididos en siete ambientes, el refugio es un triunfo de la arquitectura racionalista: líneas limpias, geometrías precisas y una funcionalidad que hoy definiríamos casi «de diseño».
Al cruzar el umbral, te encontrarás ante un detalle colosal: dos puertas de hierro y hormigón de 1800 kg cada una. El rey no corría entre los árboles para ponerse a salvo; llegaba aquí cómodamente sentado en su Fiat Torpedo, entrando directamente en el corazón de la colina. Un garaje antibombas que aún rezuma la atmósfera suspendida de aquellos días frenéticos que precedieron al 8 de septiembre de 1943.
Pedalear para respirar: el encanto analógico de los ventiladores de búnker
Lo más destacado, lo que hace que la comparación con Wes Anderson sea irresistible, es el sistema de ventilación. En una de las salas encontrarás los «electroventiladores con pedales»: auténticas bicicletas estáticas conectadas a filtros antigás. En caso de corte de corriente, los soldados tenían que pedalear para garantizar el oxígeno a la familia real.
Ver estas máquinas analógicas, con sus engranajes a la vista y sus sillines de cuero, es un viaje visual a una época en la que la tecnología tenía una forma física, tangible e increíblemente fotogénica.
La recuperación, financiada con fondos del PNRR, no solo ha salvado el hormigón. Las intervenciones de ingeniería naturalista han estabilizado el Colle delle Cavalle Madri, plantando 900 nuevos arbustos que hoy rodean la entrada del búnker, creando un maravilloso contraste entre la rigidez del hierro y el renacimiento de la naturaleza.
Cómo visitar el búnker de Villa Ada: horarios y precios
La gestión del sitio está a cargo de la asociación Roma Sotterranea, que convierte la visita en una experiencia inmersiva. Dado que el sitio es delicado, el acceso no es libre, sino que se realiza a través de visitas guiadas programadas. Puedes elegir entre dos recorridos para descubrir la Roma «invisible»:
- El refugio de los Saboya (75 minutos): una visita centrada en el búnker, su mobiliario original y un sugerente documental en vídeo realizado por Fabio Toncelli. Precio: 13 €.
- Búnker + La Villa (2 horas): una ruta urbana que parte de la Via Salaria, pasa por el Templo de Flora y la Palazzina Reale (hoy Embajada de Egipto) y luego desciende a los subterráneos. Precio: 19 €.