Hay un tren que cada año atrae a viajeros de todo el mundo: no es famoso por su velocidad ni por su lujo, sino por la forma en que se desplaza —literalmente, agarrándose a la roca con una rueda dentada. Recorre 22 kilómetros en aproximadamente una hora, supera un desnivel de 700 metros, atraviesa cañones salvajes, túneles excavados en la roca viva y bosques que parecen sacados de una película.
Cuesta 9,50 € y está en el Peloponeso, en Grecia: esel Odontotos, el ferrocarril Diakopto–Kalavryta.
El detalle que lo cambia todo
Si estás en Roma y estás planeando las vacaciones de verano, pero la idea de Mykonos o Santorini ya te aburre solo de oírla, este es el artículo adecuado. El Odontotos no es una de esas «experiencias» exageradas por los blogueros de viajes: es un ferrocarril histórico inaugurado en 1896, con vías de ancho muy reducido —750 milímetros, el más estrecho del mundo que sigue operativo para un servicio comercial.
El tren funciona gracias a una cremallera: un tercer carril dentado en el centro de las vías al que el tren se «agarra» para superar los tramos más empinados, con una pendiente máxima del 175 por mil. Una tecnología que hoy en día se usa muy poco, y que aquí cuenta con 130 años de historia a sus espaldas.
La historia: un proyecto casi obstinado
En 1889, cuando Grecia era un país joven y frágil, el primer ministro Charilaos Trikoupis decidió construir un ferrocarril que conectara el pueblo de Kalavryta —a 750 metros de altitud, puerta de entrada a las estaciones de esquí del monte Chelmos (2355 m s. n. m.)— con la costa del golfo de Corinto. El proyecto se encargó a técnicos greco-franceses, con una contribución fundamental de los italianos, que contaban con una gran experiencia en los ferrocarriles alpinos.
Las obras duraron casi siete años. La inauguración tuvo lugar el 10 de marzo de 1896. Desde el primer momento quedó claro que se trataba de algo extraordinario: un ferrocarril electrificado en una época en la que el 90 % de los trenes aún funcionaban con vapor, alimentado por la energía hidroeléctrica del río Vouraikos.
Un detalle que los romanos, con su milenaria historia de ingeniería, saben apreciar mejor que nadie: un trabajo sinérgico entre Italia, Francia y Grecia que se adelanta al espíritu de la Unión Europea casi un siglo.
La tecnología del cremallera: una obra maestra olvidada
Desde el km 3,1 al 16,9, el Odontotos utiliza un sistema de cremallera: un tercer carril central dentado al que el tren se engancha para subir pendientes impracticables para cualquier otro tren.
Túneles, cañones e ingeniería en estado puro
El recorrido por la línea ferroviaria Diakopto–Kalavryta está salpicado de obras maestras de la ingeniería: grandes muros de contención laterales, túneles excavados en la roca viva con un lado abierto hacia el fondo del valle, y el cañón de Vouraikos —gargantas salvajes atravesadas por el río, cascadas, paredes rocosas verticales. Uno de los paisajes más espectaculares de toda Grecia, al que solo se puede llegar en este tren o a pie.
Lo que se ve desde el tren: los maravillosos paisajes que atraviesa el Odontotos
Kalavryta no es solo la estación de llegada: es una pequeña ciudad con una historia densa y dolorosa. Vale la pena parar para ver:
- Las Cuevas de los Lagos (Spilaio ton Limnon), cerca de Kleitoria: un recorrido espeleológico con cursos de agua internos y cascadas, uno de los más sugerentes de Grecia
- El Monasterio de Agia Lavra (siglo X): aquí se acuñó en 1821 el lema Eleftheria I Thanatos —Libertad o Muerte—, que dio inicio a la guerra de independencia griega contra los otomanos
- El Memorial del Masacre de Kalavryta: uno de los crímenes más graves cometidos por el ejército nazi en Grecia durante la Segunda Guerra Mundial, hoy recordado en un museo sobrio y necesario
⚠️ Atención: el servicio ferroviario está suspendido
Actualización de mayo de 2026: el Odontotos está oficialmente suspendido desde el 12 de marzo de 2026 por motivos de seguridad, después de que desprendimientos y corrimientos de tierra en el monte Chelmos dañaran la línea. La OSE (gestora de la infraestructura) ha comunicado el cierre por tiempo indefinido, a la espera de estudios geológicos en profundidad, y el Parlamento Europeo ya ha planteado la cuestión en el ámbito institucional.
En abril de 2026 se iniciaron, sin embargo, los trabajos preparatorios para la reapertura: desbroce de las zonas de riesgo, estudios geotécnicos e instalación de sensores sísmicos y meteorológicos a lo largo de la línea. La reapertura se está planificando activamente.
No pierdas de vista la web oficial hellenictrain.gr para estar al tanto de las últimas novedades y, si ya estás organizando tus vacaciones en Grecia para el próximo verano, este es el tipo de experiencia que vale la pena añadir a tu lista de deseos.
Cómo llegar al ferrocarril Diakopto–Kalavryta desde Roma
✈️ En avión + tren (recomendado)
Para quienes salen de Roma, este es probablemente el destino más original al que se puede llegar con un vuelo de dos horas. Desde Fiumicino (FCO) o Ciampino (CIA) hay vuelos directos a Atenas (ATH) con Aegean, Ryanair o ITA, con precios que oscilan entre los 55 y los 80 € ida y vuelta en temporada baja. Desde Atenas, se toma el tren Intercity hasta Diakopto (unas 2,5 horas, estación de salida: Atenas Larissa). El coste total del viaje Roma–Diakopto con este itinerario va desde unos 55-170 € por persona.
🚗 En coche + ferry (para los más aventureros)
Para los romanos acostumbrados al Adriático, esta opción tiene todo el sabor de una auténtica aventura. Desde Roma se toma la A1 hacia Brindisi, luego el ferry a Patras (compañías como Grimaldi Lines o Superfast Ferries, unas 16-20 horas de travesía). Desde Patras, Diakopto está a solo 40 minutos en coche por la costa del golfo de Corinto. Una opción perfecta si quieres explorar el Peloponeso con más libertad y quizá combinar Kalavryta con Olimpia, Nauplia o Monemvasia para unas vacaciones en Grecia fuera de los circuitos masificados.