Hay un lugar en el Lacio que sigue siendo salvaje, donde los coches son una excepción y el azul del agua alcanza matices que solo esperarías ver en las Cícladas griegas. Se llama Palmarola, está a menos de dos horas de Roma, y cuando la ves por primera vez desde el mar, te cuesta creer que sigas estando en Italia.
Aguas caribeñas, acantilados volcánicos escarpados, cuevas donde se escondían los piratas berberiscos y viviendas excavadas a mano en la roca: este minúsculo pedazo de tierra de las Islas Pontinas —reserva natural protegida desde 1998, parte del Parque Nacional del Circeo— es uno de los destinos más extraordinarios y menos explotados de todo el Mediterráneo.
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Palmarola, la isla cerca de Roma que te transporta a las Cícladas griegas
Para los romanos que cada verano buscan un rincón de mar virgen sin tener que volar a otro lugar, Palmarola es uno de esos sitios que, una vez descubiertos, se convierten en un secreto que hay que guardar celosamente. Y, sin embargo, está ahí, a unos 10 kilómetros al oeste de Ponza, a menos de una hora en barco desde la costa del Lacio.
El apodo de «Pequeña Grecia» no es fruto de la imaginación de ninguna oficina de turismo. Cualquiera que se acerque en barco a este pedazo de roca volcánica queda impresionado por un paisaje que no se espera: acantilados verticales de toba blanquísima, matorral mediterráneo de un verde intenso y un mar con matices de azul caribeño casi irreal.
Un contraste visual que recuerda mucho a las formaciones rocosas de las Cícladas, pero con un alma más orgullosa. El famoso oceanógrafo Jacques Cousteau —según una cita ampliamente difundida y transmitida por la tradición local, y confirmada también por otros exploradores como Folco Quilici — la definió como «la isla más bonita del Mediterráneo». Es difícil llevarle la contraria.
Casas-cueva y ningún hotel: una experiencia única en la isla
Palmarola no tiene hoteles, ni carreteras asfaltadas, ni transbordadores de línea. Su condición de reserva natural ha mantenido alejada la especulación inmobiliaria y, sobre todo, el turismo de masas.
¿Y dónde se alojan los visitantes? Debes saber que, a lo largo del siglo XVIII, los pescadores y agricultores de Ponza empezaron a excavar la roca de toba sobre Cala del Porto para protegerse de los piratas y de las inclemencias del tiempo. Así nacieron las Case Grotta: viviendas rurales espartanas, literalmente encajadas en la pared rocosa, reconocibles por sus puertitas y ventanitas pintadas de blanco y azul. Algunas de ellas están abiertas a los turistas.
Alojarse en una de estas cuevas significa renunciar a todas las comodidades tecnológicas a cambio de dormir arrullado por la sinfonía de las olas a pocos metros de distancia. Es una experiencia difícil de encontrar en cualquier otro lugar de Italia.
En barco alrededor de la isla: 5 cosas que ver si vas a Palmarola

Palmarola no se visita a pie. Se recorre lentamente desde el mar, y cada recodo de la costa te reserva algo nuevo. Aquí tienes los cinco lugares que no te puedes perder durante la vuelta a la isla:
1. Cala del Porto: el único puerto seguro de la isla, protegido por el Faraglione di San Silverio. Los barcos fondeados parecen flotar en el aire gracias a la transparencia del agua. Aquí también se encuentra el legendario restaurante O’ Francese, único establecimiento comercial de la isla: pescado fresco de esa misma mañana, ambiente informal e irrepetible.
2. La Catedral: en la parte norte de la isla, una pared de roca volcánica negra con columnas de basalto pulidas por los siglos. Su aspecto recuerda de forma impresionante a las naves de una catedral gótica. Hacer snorkel a sus pies provoca algo parecido a un vértigo estético.
3. Cala Brigantina: una ensenada casi invisible desde mar abierto que en la Edad Media servía de refugio a los barcos de los piratas berberiscos. Hoy es una piscina natural de color verde esmeralda, con el Scoglio Suvace haciendo de centinela (llamado así en dialecto ponzese por su forma de lenguado).
4. Los Faraglioni di Mezzogiorno: un conjunto de rocas monumentales con un arco natural de unos 20 metros de altura. Las embarcaciones pequeñas pueden pasar por debajo: una experiencia que se te queda grabada. Muy cerca se encuentra la Grotta del Gatto, con un manantial de agua dulce en su interior, a la que solo se puede llegar en kayak o en barcas pequeñas.
5. Las Grutas de las Galeras: rocas salpicadas de negro sobre ocre por la presencia de obsidiana, ese vidrio volcánico purísimo que ya en la prehistoria llevaba a los pueblos del Circeo a llegar a la isla en balsas para fabricar armas y utensilios.
Cómo llegar a Palmarola desde Roma: todo lo que necesitas saber
En coche + ferry
- Por Formia (ruta recomendada): unos 90 minutos desde Roma en coche por la A1/A2 hasta Formia, luego ferry o hidroala a Ponza (90 minutos en ferry, unos 60 minutos en hidroala). Desde Ponza, se toma el barco a Palmarola, un trayecto de 40-50 minutos.
- Desde Anzio: ruta alternativa desde la A12 o la Via Pontina, ferry a Ponza de unas 2 h 15 min.
En tren + ferry
- Desde Roma Termini, tren Intercity hacia Formia-Gaeta en aproximadamente 1 h 20 min. Se puede llegar al puerto a pie desde la estación en 15 minutos o en taxi.
- Para llegar a Anzio, el tren regional Roma Termini–Anzio tarda aproximadamente 1 hora.