En Tres Cantos, municipio de la órbita de Madrid, ya no se confía solo en el civismo o en la suerte de un control de la policía: ha comenzado oficialmente la era del ADN canino para perseguir a los propietarios incívicos.
El modelo Tres Cantos: la genética contra las multas
La ciudad española, según informan nuestros colegas de Madrid Secreto, ha decidido pasar de las palabras a los hechos con una estrategia rebautizada como «CSI canino». Todos los propietarios están obligados a registrar el perfil genético de su animal mediante una simple muestra de saliva. Cuando un técnico municipal y un agente de policía encuentran excrementos sin recoger, la muestra se analiza en el laboratorio y se compara con la base de datos municipal.
¿El resultado? Una identificación segura que conlleva sanciones muy severas: se parte de 300 euros por la primera infracción, hasta llegar a 600 euros en caso de reincidencia. Además de recoger los excrementos, los ciudadanos españoles ahora están obligados a llevar consigo una botella de agua para diluir la orina, so pena de multas adicionales.
El caso de Roma: una de cada cuatro calles está sucia
Según los datos proporcionados por la Acos (Agencia para el Control de la Calidad de los Servicios Públicos) en un estudio publicado en 2023, una de cada cuatro calles presenta signos de abandono.
El estudio, que supervisó unas 9000 calles entre 2018 y 2022, ponía de manifiesto una situación crítica, en particular en los distritos II, III, XI y XII, mientras que zonas como el centro histórico (distrito I) resultaban ligeramente más virtuosas, al igual que el distrito IX. El pico negativo se remonta a 2021, cuando la suciedad había alcanzado el 45 % de las calles.
Normativa y sanciones en Roma
En Roma no faltan normas: no recoger los excrementos de tu perro puede acarrear una multa de hasta 500 euros. Sin embargo, sin una supervisión constante y sin herramientas de identificación objetivas, como la base de datos de ADN, la posibilidad de sancionar a quienes no recogen los excrementos sigue estando ligada a la flagrancia del delito.
El experimento de Tres Cantos, que se suma a otros 80 municipios españoles que han adoptado el registro genético, plantea una pregunta inevitable: ¿ha llegado el momento de abandonar los llamamientos al civismo para pasar a un control científico del territorio?
