Hortalizas que crecen sin un gramo de tierra, en el interior de dos invernaderos construidos hace casi dos siglos. Sucede en Roma, y no en un laboratorio, sino en Villa Pamphilj, uno de los parques históricos más bellos de Europa. Los invernaderos monumentales del Jardín Cedrati vuelven a la vida gracias a un proyecto de agricultura hidropónica ecológica, sostenible y de alta tecnología, realizado en colaboración con la Universidad Sapienza de Roma.
Inaugurados hace unos días, el 26 de octubre de 2025, por la concejala Sabrina Alfonsi, los invernaderos del Casale dei Cedrati se convierten en un símbolo de cómo el pasado y el futuro pueden coexistir en un mismo espacio, entre la historia, la innovación y el cuidado de la tierra.
Cultivar sin tierra: cómo funciona el cultivo hidropónico
El cultivo hidropónico no es magia, sino una tecnología asombrosa.
Las plantas no crecen en el suelo: sus raíces están suspendidas sobre un sustrato inerte, regado con una solución acuosa enriquecida con nutrientes orgánicos.
No hay, pues, fertilizantes químicos ni pérdidas de agua: el sistema cerrado de recirculación permite reutilizar constantemente la misma cantidad de líquido, reduciendo drásticamente los residuos.
En el interior de los invernaderos, un conjunto de sondas digitales controla en tiempo real parámetros como la temperatura, el pH, la salinidad y la electroconductividad. Todos los datos pueden controlarse a distancia para garantizar un crecimiento óptimo.
¿El resultado? Asombroso. Las plantas crecen hasta un 30% más rápido, con un rendimiento un 20% superior al de los métodos tradicionales, y el consumo de agua se reduce casi un 90%.
Se trata de un sistema desarrollado por la empresa H4O junto con el Departamento de Biología Ambiental de la Universidad Sapienza, tras más de diez años de experimentación.
Y ahí radica la verdadera revolución: este sistema de alta tecnología se ha introducido sin alterar la estructura histórica de los invernaderos, construidos en la primera mitad del siglo XIX. El vidrio y el hierro de antaño conviven ahora con sensores digitales y cultivos suspendidos.
Invernaderos históricos de Villa Pamphilj: una restauración que combina memoria e innovación

Los dos invernaderos, olvidados hace tiempo, formaban parte de un sistema de cultivo de interior más amplio en Villa Pamphilj. Hoy, tras años de inactividad, vuelven a producir hortalizas, hierbas aromáticas y verduras frescas, todas de kilómetro cero y destinadas también a la cafetería del Casale.
El proyecto ha sido promovido por el Ayuntamiento de Roma Capitale, con el apoyo de la Associazione del Casale dei Cedrati y Coopculture.
Como declaró el concejal Alfonsi
Estamos devolviendo a la ciudad un lugar de valor histórico, combinando sostenibilidad y valorización de los bienes comunes».
El proyecto forma parte de un proceso más amplio de revitalización de las villas históricas de Roma. Un modelo que combina participación ciudadana, innovación tecnológica y respeto por el patrimonio, y que podría convertirse en un ejemplo para otras ciudades italianas.
Agricultura urbana en Roma: una nueva forma de vivir el verde
Pero los invernaderos del Casale dei Cedrati no son sólo una instalación agrícola. Son un laboratorio abierto a la ciudad.
Además de la producción, hay un recorrido digital para los visitantes: mediante un código QR o una app, se puede explorar la historia de la villa, las especies botánicas y las fases del proyecto hidropónico. Todo ello dentro de una experiencia inmersiva, con cartografía interactiva y narración participativa.
El objetivo es doble: hacer que la gente descubra la belleza del jardín histórico y, al mismo tiempo, educarla en materia de sostenibilidad. Los invernaderos se convierten así en un «centro verde» donde se entrelazan arte, naturaleza, tecnología y comunidad.
Según Giovanna Barni, delegada de Coopculture:
Casale, Giardino y Serre son ahora un modelo cooperativo de regeneración urbana, donde la tradición se une a la innovación.
Roma y el reto de la agricultura sostenible
El proyecto de los invernaderos de Villa Pamphilj supone un paso importante en la estrategia de agricultura urbana de Roma. Es una demostración de que incluso en una ciudad histórica es posible desarrollar modelos de producción sostenibles e innovadores sin consumir nuevos terrenos.
Si funciona -y los primeros datos prometen que así será-, la experiencia podrá reproducirse en otros contextos, desde escuelas a instalaciones públicas, allanando el camino para una red de microcultivos hidropónicos urbanos.
En un momento en que la crisis climática impone nuevos paradigmas, ver crecer hortalizas sin tierra, en un invernadero del siglo XIX, es más que una curiosidad: es una muestra de cómo la ciudad eterna aún puede reinventarse.
